domingo, 20 de julio de 2008

El Castillo Neuschwanstein



Neuschwanstein es un castillo mandado construir por Luis II de Baviera (en alemán Ludwig), y cuyo nombre se podría traducir por "el nuevo cisne de piedra". Se encuentra en Baviera, Alemania.

El rey exigió dos condiciones en su construcción: primero, que sería edificado por trabajadores bávaros y con materiales bávaros, sin apenas excepciones, lo que favoreció la creación de una poderosa artesanía en Baviera, que ha hecho de ella uno de los mayores enclaves industriales de Alemania. Y segundo, que por fuera debía asemejar los castillos de los cuentos de hadas que tanto admiraba en su juventud, pero por dentro debía contener todos los avances tecnológicos de la época.

Así, ambas exigencias se cumplieron: el castillo asemejó tanto los relatos tradicionales alemanes que fue elegido por la Disney como modelo para el castillo de la Bella Durmiente, el cual es el principal símbolo (de hecho, hay una réplica en este parque) del Disneyland Resort Paris o Eurodisney.


Por dentro, además de continuas referencias a estos cuentos o a diversas leyendas y personajes medievales (Tristán e Isolda, Fernando el Católico), contiene una completa red de luz eléctrica, el primer teléfono móvil de la historia (con una cobertura de seis metros), una cocina que aprovechaba el calor siguiendo reglas elaboradas por Leonardo da Vinci, y maravillosas vistas y paisajes a los Alpes, incluyendo una encantadora cascada que podía contemplarse desde la habitación del monarca.

Con el alejamiento voluntario de la capital de Baviera, Munich, Luis II se refugió en este castillo, y terminó viviendo allí de manera permanente, supervisando su construcción, en concreto desde unas escaleras que constituían el lugar favorito para seguir los avances obtenidos. Su alegría al verlo terminado, sin embargo, sólo duró unos días, pues murió ahogado en un lago cercano (la leyenda desconoce si fue por accidente o por asesinato con el objetivo de obtener la sucesión) en extrañas circunstancias.

Pobre negocio hicieron los descendientes de Luis II con el castillo, que vendieron al gobierno bávaro, pasando más tarde al alemán. La cantidad por la que lo vendieron iguala a los ingresos anuales actuales que el castillo obtiene por la invasión incesante de turistas que vienen a visitarlo.